¿Cómo afecta el estrés a tu salud hormonal?

¿Cómo afecta el estrés a tu salud hormonal?

Ansiedad, inquietud, problemas para dormir, falta de libido… El estrés forma parte de nuestra vida diaria y puede manifestarse de maneras muy diversas. Tal es la habitualidad del estrés, que a menudo se normaliza vivir en tensión constante. Sin embargo, aunque experimentar estrés pueda ser algo normal puntualmente (y hasta beneficioso para nuestro organismo), los efectos a largo plazo llegan a ser muy perjudiciales para nuestra salud. Por ello, es importante entender qué mecanismos hormonales actúan tras la vivencia de una situación estresante y conocer de qué manera puedes protegerte de sus consecuencias. ¡Sigue leyendo para saber más!

Índice

Estrés: ¿qué ocurre con tus hormonas cuando estás estresada?

Todas pasamos por períodos de estrés o de ansiedad, y es algo de lo más normal. El estrés en sí mismo es una reacción fisiológica natural que tiene nuestro cuerpo a la hora de afrontar situaciones difíciles o desafiantes [1]. Ante una situación ansiógena o estresante, nuestro cuerpo genera una respuesta automática primitiva y pone en marcha toda una movilización de recursos físicos, mentales y conductuales para actuar y hacer frente al posible peligro [1,2].

¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando experimentamos estrés? Pues como ocurre en la mayoría de los casos, el proceso comienza en nuestro cerebro. Nuestro cerebro detecta las señales que percibimos como amenazadoras y, en cuestión de segundos, pone en marcha el sistema nervioso simpático (aquel que no podemos controlar, que se guía de manera involuntaria) para secretar rápidamente hormonas destinadas a la liberación de energía y activación del sistema cardiovascular: la epinefrina (también conocida como adrenalina) y la norepinefrina [3]. Esta activación provoca una reacción en cadena en todo nuestro organismo que hará que, en pocos minutos, se liberen grandes cantidades de hormonas destinadas a prepararnos para enfrentar el posible peligro (en este caso, situación de estrés). De esta manera, comienza la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA). Este eje es el encargado de activar la síntesis de la conocida hormona del estrés: el cortisol. Cuando nuestro hipotálamo recibe la señal de estrés, comienza a producir la hormona corticotropina (CRH), que funciona como mensajero fisiológico y se desplaza a través del torrente sanguíneo hasta la hipófisis (o glándula pituitaria), que a su vez liberará la hormona adrenocorticotropina (ACTH) a la circulación, que será la encargada de viajar hasta las glándulas suprarrenales (situadas encima de los riñones) para activar, entre otras cosas, la liberación de cortisol, la hormona del estrés por excelencia. [4, 5]

¿Cómo afecta el estrés a tu bienestar general?

Como ya habrás visto, nuestro cuerpo activa rápidamente todo un sistema complejo para combatir el estrés. Todo este sistema de activación neuroendocrino que nuestro cuerpo pone en marcha es beneficioso y adaptativo para afrontar situaciones de estrés a corto plazo, ya que nos permite aumentar la cantidad de glucosa en sangre (gran aporte de energía, especialmente para nuestro cerebro) y proporciona oxígeno a los músculos y al corazón (aumento de la presión sanguínea) para facilitar la huida. Además, nos ayuda a suprimir todas aquellas funciones “no esenciales” para la supervivencia inmediata (inhibe el sistema reproductor, inmunitario y digestivo), lo que nos permite ahorrar energía. También nos ayuda a tener una mejor tolerancia al dolor (o no sentirlo en absoluto, lo que se conoce como analgesia) [5, 6]. En situaciones normales de no estrés, nuestro cuerpo segrega cortisol de manera habitual (unos 10 mg al día, aproximadamente) [5], alcanzando el pico máximo alrededor de las ocho de la mañana y niveles mínimos a última hora de la tarde [7].

Sin embargo, si nuestro sistema neuroendocrino se mantiene activo durante largos períodos de tiempo debido a una alta exposición al estrés, a largo plazo el exceso constante de cortisol conlleva efectos perjudiciales para nuestra salud general. Por ejemplo [5, 8]:

  • Hipocampo, cognición y salud mental. El hipocampo es una parte del cerebro esencial para nuestra memoria y cognición, y es especialmente vulnerable a la neurotoxicidad del cortisol. Una exposición prolongada a niveles altos de la hormona del estrés puede generar daño en el hipocampo y provocar un deterioro permanente cognitivo y de la memoria.
  • Sistema inmunitario. El cortisol, a niveles excesivos, puede suprimir nuestro sistema inmunitario y hacer que nuestro cuerpo tenga poca capacidad para hacer frente a infecciones e inflamaciones. De esta manera, a largo plazo, puede favorecer el desarrollo de enfermedades inflamatorias crónicas y enfermedades autoinmunes, entre otros.
  • Diabetes y sistema cardiovascular. Niveles altos y excesivos de cortisol también pueden provocar resistencia a la insulina o hipercolesterolemia, lo que contribuye al desarrollo de diabetes, enfermedades cardiovasculares e hipertensión.
  • Sistema gastrointestinal. El proceso de digestión y absorción de la comida se altera ante la presencia elevada de cortisol en sangre. De esta manera, se puede experimentar indigestión e irritación de la mucosa intestinal, lo que a su vez puede provocar úlceras, síndrome de colon irritable y colitis.

Además, tal y como comentábamos antes, una exposición constante a niveles excesivos de cortisol tiene también consecuencias inhibitorias en nuestro sistema reproductor, y ello afecta especialmente a la fertilidad femenina e interfiere en nuestro ciclo menstrual. De manera general, nuestro ciclo menstrual está controlado por dos hormonas principales: la hormona foliculoestimulante (FSH) y la hormona luteinizante (LH). Estas hormonas se encargan del crecimiento de los folículos y posterior liberación de los óvulos en la mujer. Por otra parte, las hormonas sexuales, como los estrógenos y la progesterona, se encargan de regular nuestro ciclo menstrual y preparan el endometrio para el embarazo o menstruación [2].

En un ciclo menstrual normal, la liberación de las hormonas FSH y LH tiene lugar de manera pausada y progresiva a través de la glándula pituitaria (¡la misma que se encarga de activar la creación de cortisol!). De esta manera, estas hormonas tienen un efecto regulador sobre nuestros ovarios (se encargan principalmente de la ovulación) y favorecen la liberación de estrógeno y progesterona. En una situación de mucho estrés, el sistema neuroendocrino interrumpe todo este proceso y prioriza la segregación de hormonas del estrés (cortisol, adrenalina…), y se inhibe la liberación tanto de la hormona folículo estimulante como de la hormona luteinizante. De esta manera, el estrés interfiere en la ovulación y desregula el ciclo menstrual en general, llegando a provocar amenorrea (falta de menstruación) y/o anovulación (no liberación del óvulo). De manera similar, la creación de estrógenos y progesterona también se ve afectada, generando una disminución de la libido y favoreciendo una baja frecuencia sexual en la mujer, además de contribuir a otros síntomas como fatiga extrema, cambios de humor y cefaleas, entre otros. [2,9].

¿Qué puedes hacer tú?

Como ya habrás podido ver, los efectos del estrés a largo plazo son muy preocupantes, y no es algo que deba pasarse por alto. En su lugar, es importante contar con la mayor cantidad posible de recursos para combatir el estrés y evitar sus posibles efectos perjudiciales. He aquí algunos consejos que pueden ayudarte a combatirlo:

- Explora la causa de tu estrés. Busca qué aspectos de tu vida son lo que te pueden estar haciendo sentir estrés y/o malestar. Ya sea el trabajo, las responsabilidades familiares, los problemas económicos… Encontrar la fuente de estrés te ayudará a contar con una base en la que trabajar para gestionar la situación de otra manera mucho más saludable.

- No tengas miedo a buscar apoyo social. Ya sea en amigos, en la familia, en tu pareja… El apoyo social puede ser de gran ayuda para calmar el estrés. Te ayudará a sentirte menos sola y quizá hasta logres analizar la fuente de tu estrés desde un punto de vista externo.

- Invierte en mejorar tu estilo de vida. Ten tiempo para ti, lleva una alimentación equilibrada, realiza actividad física de manera habitual y procura mantener una rutina de sueño saludable. Una buena alimentación te ayudará a mantener unos niveles estables de azúcar en sangre, y el ejercicio puede ayudarte a liberar tensiones y descargar el exceso de cortisol. Todo ello, junto a una buena rutina de sueño, ayuda a contribuir a mejorar el sistema inmunológico, entre otros.

- Fortifica tu salud con una suplementación adecuada. Incluir una buena suplementación en tu dieta hará que tu cuerpo lo agradezca. Puedes probar los beneficios de la suplementación de maca o damiana, que te ayudarán a elevar tu deseo sexual. Además, también puedes incluir suplementos de Ashwagandha, una planta adaptógena conocida por sus beneficios a la hora de combatir el estrés y la ansiedad, ya que ayuda a calmar la función cerebral, reduce la inflamación e hinchazón, disminuye la presión arterial y también los niveles de azúcar en sangre, entre otros. Un estudio de 2012 [10] observó que la suplementación con Ashwagandha llegó a reducir hasta un 69% la ansiedad y el insomnio.

- Explora otras maneras de mantener tu vida sexual. Tu sexualidad, al igual que el resto de aspectos generales sobre tu salud, es también un aspecto importante que cuidar y mantener. A pesar de que el estrés puede hacer que tengas menos deseo sexual, tanto tú (individualmente) como tu pareja podéis buscar alternativas para trabajar la intimidad. Durante el sexo, nuestro cuerpo genera endorfinas (también conocidas como hormonas de la felicidad), y estas hormonas nos hacen sentir mejor e incluso ayudan a disminuir el dolor. De esta manera, tener una vida sexual activa y placentera te ayudará a reducir el agobio y contribuirá a que te sientas menos estresada.

- Practica meditación, relajación o yoga. Para muchas personas, la meditación con control de la respiración ayuda a contrarrestar los efectos cardiovasculares más evidentes del estrés. Además, puede ayudarte a dirigir tu mente hacia pensamientos más positivos y contribuir a un mejor control de tus pensamientos en general. Los programas de meditación como el Mindfulness (o atención plena) pueden ayudar a mejorar la ansiedad, la depresión y también reducen las consecuencias negativas del estrés psicológico [11].

- Busca ayuda psicológica. Como siempre decimos, recurrir a la psicoterapia nunca está de más. Los beneficios de la terapia psicológica en la salud de la mujer son infinitos, especialmente cuando se trata de problemas de gestión del estrés o trastornos de ansiedad. Tanto la terapia cognitivo-conductual como las técnicas de autocontrol y de relajación podrán ayudarte a mantener a raya el estrés y te serán de ayuda a la hora de gestionar mejor el impacto del estrés en tu vida diaria.

En definitiva, como ya habrás podido observar, las consecuencias del estrés en nuestra salud no son algo que se deba infravalorar. Es importante mantener los niveles de cortisol dentro de la normalidad, o nuestra salud a largo plazo se resentirá. Desde FemmeUp te recordamos que nunca es tarde para empezar a cuidarte, y sobre todo, lo más importante: ¡recuerda que no estás sola!

Fuente:

[1] Ávila, J. (2014). El estrés, un problema de salud del mundo actual. Revista Con-Ciencia, 2(1), 115–124. http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2310-02652014000100013&lng=es&tlng=es

[2] Villar, L. P., Gómez, J. J. E., Pozo, J. D., Rodrigo, A., Cayetano, S. R., & Trigo, O. D. P. (2020). ¿Cómo afecta el estrés a la infertilidad? Causas y efectos. Reproducción Asistida ORG. https://www.reproduccionasistida.org/el-estres-dificulta-el-embarazo/

[3] Lundberg, U. (2005). Stress hormones in health and illness: The roles of work and gender. Psychoneuroendocrinology, 30(10), 1017–1021. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2005.03.014

[4] McEwen, B. S. (2008). Central effects of stress hormones in health and disease: Understanding the protective and damaging effects of stress and stress mediators. European Journal of Pharmacology, 583(2–3), 174–185. https://doi.org/10.1016/j.ejphar.2007.11.071

[5] King, S. L., & Hegadoren, K. M. (2002). Stress Hormones: How Do They Measure Up? Biological Research For Nursing, 4(2), 92–103. https://doi.org/10.1177/1099800402238334

[6] Corbin, J. A. (2022). Cortisol: la hormona que nos genera estrés. Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/neurociencias/cortisol

[7] Muñoz Bellido, F. J. (2021). Los corticoides | Libro de las enfermedades alérgicas de la Fundación BBVA. Fundación BBVA. https://www.fbbva.es/alergia/el-tratamiento-de-las-enfermedades-alergicas/los-corticoides/

[8] Fuentes, M. (2021). ¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando tienes exceso de cortisol? AARP. https://www.aarp.org/espanol/salud/vida-saludable/info-2019/exceso-de-cortisol-en-el-cuerpo.html

[9] Rovira Salvador, I. (2022). Las 6 hormonas del estrés y sus efectos en el organismo. Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/neurociencias/hormonas-de-estres

[10] Chandrasekhar, K., Kapoor, J., & Anishetty, S. (2012). A Prospective, Randomized Double-Blind, Placebo-Controlled Study of Safety and Efficacy of a High-Concentration Full-Spectrum Extract of Ashwagandha Root in Reducing Stress and Anxiety in Adults. Indian Journal of Psychological Medicine, 34(3), 255–262. https://doi.org/10.4103/0253-7176.106022

[11] Goyal, M., Singh, S., Sibinga, E., Gould, N., Rowland-Seymour, A., Sharma, R., Berger, Z., Sleicher, D., Maron, D., Shihab, H., Ranasinghe, P., Linn, S., Saha, S., Bass, E., Haythornthwaite, J., & Cramer, H. (2014). Meditation Programs for Psychological Stress and Well-being: A Systematic Review and Meta-analysis. Deutsche Zeitschrift für Akupunktur, 57(3), 26–27. https://doi.org/10.1016/j.dza.2014.07.007

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