La importancia del deseo en la respuesta sexual

Los principales pioneros en estudiar la respuesta sexual humana y su funcionamiento fueron William H. Masters y Virginia Johnson, quienes a través de la observación de parejas manteniendo relaciones sexuales y analizando diversos parámetros publicaron en 1966 un modelo, una posible explicación, sobre el funcionamiento de la respuesta sexual humana [1]. A lo largo de los años han ido apareciendo otros modelos, críticas y reformulaciones del modelo de Masters y Johnson, sin embargo, algunas ideas y nomenclaturas han servido de base para estudios tanto del funcionamiento de la respuesta sexual como para el diagnóstico de trastornos y disfunciones sexuales.

Respuesta sexual: excitación, meseta, orgasmo y resolución

Según el modelo de Masters y Johnson publicado en 1966, la respuesta sexual se divide en cuatro fases [2]:

  • Excitación: esta primera fase está caracterizada por el inicio de la lubricación vaginal femenina y lubricación de la uretra masculina. En esta fase inicial empieza un aumento de la tensión muscular y órganos genitales y aumento de la frecuencia cardíaca y aporte sanguíneo. Esta fase puede tener una duración de minutos hasta horas.
  • Meseta: en este segundo estadio se van intensificando los cambios de la fase anterior y se va acumulando más tensión.
  • Orgasmo: esta tercera fase se caracteriza por las contracciones involuntarias de algunos músculos y la liberación de tensión nerviosa acumulada hasta el momento. En hombres se da la expulsión del semen y en mujeres contracciones rítmicas del útero. El aumento de tensión de la musculatura aumenta la presión del pene y de las paredes vaginales resultando una experiencia placentera, el orgasmo.
  • Resolución: en esta fase el cuerpo va recuperando su tono respiratorio, cardiaco y muscular y, como consecuencia, se experimenta una sensación de bienestar. Encontramos diferencias entre hombres y mujeres. En el caso de los hombres se da un período refractario, el cual impide tener nuevos orgasmos durante unos minutos u horas, en cambio en el caso de muchas mujeres si la estimulación continúa, pueden volver a experimentar orgasmos durante un período de una hora aproximadamente.

A este modelo se le añadió otra fase, el deseo. Ellen Singer Kaplan, psicóloga especialista en sexología y respuesta sexual, introdujo esta quinta fase, la cual precedería a todas las descritas por Masters y Johnson. Kaplan describió el deseo como : “sensaciones específicas de apetito o impulso sexual que mueven al individuo a buscar experiencias sexuales o mostrarse receptivo a ellas” [3]. Ambos autores estuvieron de acuerdo que no todas y cada una de las fases tenían que darse obligatoriamente en la respuesta sexual.

Schnarch y Basson fueron dos autores los cuales dieron énfasis en la importancia de los componentes psicológicos durante el encuentro sexual y soporte de las distintas fases. Dentro de estos aspectos psicológicos se incluyen la valoración positiva del encuentro sexual (satisfacción), las expectativas, la interacción, la intimidad y la comunicación, entre otras [3].

Actualmente, se reconoce que no existe un modelo único de respuesta sexual femenina, sino que existen patrones heterogéneos de respuesta, [4] pero modelos como estos han guiado el estudio de la respuesta sexual y han sentado bases diagnósticas y de tratamiento de las disfunciones sexuales y trastornos relacionados con el sexo.

Disfunciones sexuales

Gracias a las aportaciones de la literatura en torno a la respuesta sexual, los manuales diagnósticos han sentado sus bases sobre ellas y hoy en día las disfunciones sexuales se organizan en diversos trastornos referidos a cada fase, siguiendo el modelo de Masters y Johnson y Kaplan, entre otras aportaciones.

Las disfunciones sexuales, actualmente se clasifican de la siguiente forma [5]:

- Trastornos del deseo

Deseo sexual hipoactivo y trastorno por aversión al sexo.

- Trastornos de excitación

Trastorno de la excitación sexual femenino y trastorno eréctil en hombres.

- Trastornos del orgasmo

Trastorno orgásmico femenino, trastorno orgásmico masculino y eyaculación precoz.

- Trastornos por dolor

Dispareunia y vaginismo.

Estos trastornos comentados se interponen a la satisfacción sexual, concepto que se considera un derecho y es parte fundamental de la salud sexual. Este tiene dos componentes: el físico y el psicológico, siendo así la satisfacción sexual tanto emocional como orgánica [4].

Los factores que influyen pueden ser: fisiológicas (como enfermedades, menopausia, posparto, fármacos) o bien psicológicas (como experiencias negativas en las relaciones, bajos niveles de felicidad y bienestar general, angustia emocional, creencias, experiencias/relaciones pasadas y presentes, estilo de vida y otros trastornos del estado de ánimo[6].

Tratamiento de las disfunciones y trastornos sexuales

Los trastornos en la respuesta sexual pueden provocar ansiedad anticipatoria al encuentro sexual, vergüenza, estrés y un impacto general en la persona. Existen métodos, técnicas y herramientas para la mejoría de estas disfunciones y trastornos sexuales. Desde de FemmeUp os mostramos algunas herramientas usadas en terapia psicológica y sus principales objetivos.

- Mindfulness: basado en la atención plena y consciente del presente, útil para el manejo de la ansiedad y para entender e identificar sensaciones experimentadas en cada momento [7].

- Focalización corporal en la terapia en pareja: consiste en sesiones de caricias y observación de la pareja atendiendo a las sensaciones y buscando el aumento del disfrute y estimulación del otro. Eficaz para disminuir de forma gradual la ansiedad anticipatoria a las relaciones sexuales, a la vez que también incrementa la comunicación, la confianza e intimidad entre los miembros de la pareja.

- Terapia de pareja centrada en las emociones (TCE): destacando las emociones como herramienta central para lograr el cambio en la pareja, indagando en las formas de apego entre los miembros de la pareja [8].

- Método Gottman: este método tiene como objetivo reducir y trabajar el conflicto entre la pareja de forma verbal, aumentando así la intimidad, el afecto y el respeto, eliminando barreras entre la pareja y aumentando la capacidad de empatizar y de resolver los futuros problemas de la relación[9].

- Lectura y visionado de erotismo en pareja: promueve la motivación y receptividad sexual.

- Kinesiología del suelo pélvico: educación y aprendizaje de técnicas kinésicas orientadas a la salud de la musculatura pélvica, mejorando condiciones ginecológicas, urológicas etc.

- Técnicas de integración cerebral y terapias energéticas en trauma: basadas en la medicina oriental. El foco es la atención a la energía positiva y negativa de las emociones. Uso de una herramienta llamada gafas hemisféricas para estimular y procesar la información de los dos hemisferios de forma simultánea. De este modo, se consigue “destapar”, verbalizar traumas y resolver conflictos que interfieren en la salud sexual individual y dinámica de pareja.

Una última herramienta muy poderosa es la psicoeducación, incluye autoconocimiento de la anatomía genital, desmitificar el amor y las etapas de una relación y entender las etapas de la respuesta sexual conociendo los cambios y factores que se dan e inciden.

Para finalizar mostrar los datos de un estudio a gran escala con una muestra de 384 mujeres y 363 varones. Los resultados mostraron que la prevalencia de las disfunciones sexuales en mujeres era del 52% y en hombres un 38,8% ,siendo el deseo sexual hipoactivo el trastorno con mayor prevalencia en el grupo femenino y la eyaculación precoz en el grupo masculino [10].

Recuerda que no estás sola, hay muchos factores que pueden hacer tambalear el correcto funcionamiento de la respuesta sexual. No esconderse y pedir ayuda será el mejor tratamiento.

La valoración del/la especialista ya sea a través de la consulta ginecológica, sexológica, psicológica y médica será crucial para empezar la recuperación y disfrute de la sexualidad.

Fuente:

(1) Kleinplatz, Peggy J. (2018). History of the Treatment of Female Sexual Dysfunction(s). Annual Review of Clinical Psychology, 14(1), annurev-clinpsy-050817-084802–. doi:10.1146/annurev-clinpsy-050817-084802

(2) Masters WH, Johnson VE. (1966) Human sexual response. Boston: Little, Brown.

(3) Sierra, J.C., Zubeidat, I., Carretero-Dios, H., Reina, S. (2003). Estudio psicométrico preliminar del Test del Deseo Sexual Inhibido en una muestra española no clínica. International Journal of Clinical and Health Psychology; 3(3), 489-504.

(4) Maiellano. B. (2020). Interpretación de los cambios en el comportamiento sexual de la mujer durante el embarazo. Journal of negative & no positive results, 5(10), 1106-1117.

(5) Campo-Arias, Adalberto; Herazo, Edwin (2016). Novedades, críticas y propuestas al DSM-5: el caso de las disfunciones sexuales, la disforia de género y los trastornos parafílicos. Revista Colombiana de Psiquiatría, (), S003474501630083X–.doi:10.1016/j.rcp.2016.08.008

(6) Starc, Andrej (2018). Female Sexual Function and Dysfunction: A Cross-National Prevalence Study in Slovenia. Acta Clinica Croatica, 57(1), 52–60. doi:10.20471/acc.2018.57.01.06

(7) Simón, V. (2013). Mindfulness y psicología: presente y futuro. Informació psicològica, (100), 162-170.

(8) Jiménez. A, Maldonado. M. (2020). Terapia de Pareja Centrada en las Emociones. Revista Griot, 13, 1-20.

(9) Mordechai. J, Schwartz. J . (2008). Gottman Method Couple Therapy. En Clinical handbook of couple therapy (138-166). New York: The Guilford Press.

(10) Sánchez.C, Carreño. J, Martínez,S, Gómez, M E. (2005). Disfunciones sexuales femeninas y masculinas: Comparación de género en una muestra de la ciudad de México. Salud mental, 28, 74-80.

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