Rutina y monotonía en el sexo: ¿son lo mismo?

Rutina y monotonía en el sexo: ¿son lo mismo?

A medida que nos vamos asentando en una vida estable, pero llena de responsabilidades como los hijos, el trabajo o el hogar, empezamos a priorizar algunas cosas y a restarle importancia a otras que no deberíamos olvidar. Es el caso del sexo, que es el gran perjudicado en nuestro día a día. Pero ¿es realmente mala la rutina? ¿Existe alguna diferencia con la monotonía?

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Rutina vs. Monotonía

A todas nos encantaría volver a los comienzos de nuestras relaciones con nuestras parejas, cuando todo eran mariposas en el estómago y el sexo era muy frecuente, y cada sesión era innovadora, atrevida e irrepetible. Con los años podemos sentir que ese fuego se va apagando: dejar a los niños en el colegio para irnos corriendo a trabajar, llegar por la noche a casa, cenar, ¿sexo?, y finalmente a dormir. Introducimos el sexo como un paso más en nuestra rutina. Pero podemos trabajar para que esa no sea una rutina aburrida, sino más bien una cita con nuestra pareja y nuestro placer.

No es malo tener una rutina: de hecho, es lo más normal. La tenemos en muchas otras cosas que nos gusta: ir al gimnasio, quedar con l@s amig@s. Igual podemos hacer con el sexo, marcar una rutina positiva que nos ayude a no olvidarlo, dejarlo siempre para lo último o cuando ‘todo’ sea favorable. Por ejemplo, cuando tenemos hijos existen pocos ratos de intimidad con nuestra pareja, si no contamos las noches, cuando los niños ya duermen. Debemos darle una vuelta a la visión de la rutina como algo negativo. Míralo como una cita: saber que vas a tener sexo por la noche puede ser un aliciente y una motivación para continuar el día con más fuerza y ánimo. La anticipación de saber que vas a tener relaciones por la noche, enviaros mensajes complices, va a conseguir que llegues mucho más excitada, más participativa y con más ganas, lo que mejorará la calidad de las relaciones sexuales, algo que no sucede con el sexo espontáneo, que puede ser muy excitante en el momento, pero no nos permite trabajarlo tanto como el sexo planificado.

Y es que esa es la clave, la preparación. Debemos esforzarnos por convertir el sexo en algo apasionante y no aburrido, y aquí es donde tenemos que luchar contra la dichosa monotonía. Como hemos explicado, la rutina no es mala, pero no debe confundirse con la monotonía. Está bien saber qué días a las once de la noche nos espera una buena sesión de sexo, pero dentro de ese espacio podemos crear, preparar, sorprender y disfrutar. Todo aquello que queremos hacer bien para obtener un resultado satisfactorio conlleva preparación, y el sexo es exactamente igual. Entender el sexo como algo mecánico, con el único objetivo de alcanzar el orgasmo, sin ningún tipo de detalle que caliente el ambiente, puede hacer que nuestra libido disminuya y que generemos un rechazo al sexo, ya que dejamos de verlo como algo entretenido y cómplice con nuestra pareja.

¿Cómo acabar con la monotonía?

Hay dos cosas importantes para luchar contra la monotonía: una buena comunicación y mucha complicidad con nuestra pareja. Esto facilitará mucho que podamos entendernos para poder hablar de lo que nos gusta y lo que no. Por lo tanto, puedes proponer algo que te apetezca hacer: proponer esa postura que llevamos tanto tiempo queriendo probar y nunca nos hemos atrevido, comprar un juguete que hemos visto anunciar… Cómo te podrás reír de aquella vez que probásteis algo y era lo más incómodo del mundo… el cine está lleno de imágenes eróticas excitantes que luego te parecen una guarrada cuando te embadurnas en casa o imposible excitarse cuando te revuelcas en trigo. 

Para romper la monotonía nuestro objetivo será innovar, buscar cosas nuevas que hagan el sexo mucho más divertido y que puede ser que se queden o que solo sean un episodio más.

Lo segundo más importante es dedicaros tiempo. Como hemos mencionado, el sexo no debe ser algo mecánico que se limite a la penetración para alcanzar el orgasmo (sobre todo porque esa obsesión por alcanzar el orgasmo puede hacer que ni siquiera lo consigamos). Prepárate, ponte el conjunto de lencería con el que más sexy te sientas y juega con tu pareja. Los preliminares son muy importantes, porque prepararán adecuadamente el cuerpo para la penetración gracias a la gran excitación que se puede conseguir con ellos. Dedicaos todo el tiempo que haga falta, no hay límites y muchas veces estos preliminares pueden ser lo más excitante: no te olvides de las caricias, los labios y los masajes por todas las partes del cuerpo. Existen decenas de zonas erógenas que son muy sensibles al tacto, podéis proponeros buscarlas todas.

Y, ¿por qué no cambiar de lugar? Prueba a tener sexo en la ducha o en la bañera, cambia de ambiente siempre que sea posible y prueba sensaciones nuevas que, además, harán que tengáis que usar la imaginación porque el cambio de espacios y lugares suele ir unido a cambio de posturas. Así cuando volváis a la cama también disfrutaréis de nuevo de la comodidad que da.

Por último, no olvides de decirle a tu pareja lo que te gusta, lo que no te gusta, lo que quieres y lo que no quieres. Ríe y diviértete, comunica a tu pareja cómo te sientes. Conseguirás reavivar el deseo y darle al sexo la importancia que merece.

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